Puesto que este blog habla de miedo (más o menos), hoy hablaré de miedo: del miedo que me da el pensar que, a este paso, el 100 % de nuestra música popular contemporánea se vea copada por cantantes-bailarines de tres al cuarto latinos e hiper musculados, productos televisivos con complejo de kleenex y demás fauna seudo-musical, seudo espectáculo y seudo todo.
Ayer pasé una noche de miedo (ahora en el buen sentido de la palabra) asistiendo al concierto fin de gira de Los secretos. Quienes me conocen ya saben que mi admiración por esta banda española con más de 26 años de trayectoria va más allá de lo musical. Tiene más que ver con una actitud ante la vida, ante su trabajo, ante su público, que, como poco, me parece ejemplar.
Álvaro y Enrique Urquijo fundaron Tos en 1978 junto a otros músicos, y cuando por fin el sueño de publicar un LP parecía más cerca que nunca, Canito, batería y compositor del grupo, murió en accidente de tráfico. El concierto homenaje que se le rindió supuso (dicen) el pistoletazo de salida de la movida madrileña. Sea como fuera, los Urquijo se reinventaron desde entonces. Conocieron a un nuevo batería (Pedro A. Díaz) que además de tocar, cantaba y componía y refundieron el grupo con el nombre de Los secretos. Su primer LP, publicado en 1980, es una aúténtica clase maestra de pop, con joyas del calibre de Otra tarde (¿Porqué me dices que soy tan raro? que todo salga mal no es tan malo...) y No supe que decir, y letras que ya presagiaban lo que iba a ser el grupo en los siguientes años: una auténtica oda a la melancolía y al me-siento-solo-y-no-encuentro-mi-sitio-en-el-mundo; espluznantes para tratarse de unos chicos que entonces no pasaban de los dieciocho años.
Pedro A. Diaz murió en 1984 en otro accidente de tráfico (también es mala suerte) y con esta segunda desgracia el grupo pareció entrar en dique seco hasta que en 1986 volvieron a reinventarse con El primer cruce, que contenía la monumental Quiero beber hasta perder el control (Y mientras ella está con otro tipo, una tormenta hay en mi corazón...). A partir de ahí, Los secretos entraron en una etapa más o menos estable, a razón de un disco cada dos años, hasta 1999, en que su alma, Enrique Urquijo, apareció muerto en un portal de Malasaña el 17 de noviembre. Una posterior biografía desvelararía que Enrique encontró a una antigua novia (el amor de su vida, según el biógrafo) en un bar semanas antes de morir. Su última canción, publicada postumamente, es Hoy la vi (Han llovido quince años que sobreviví... y si ahora estoy así es porque hoy la ví...)
A partir de entonces, su hermano Álvaro, que lleva cantando, componiendo y aportando la solidez musical desde los albores de la banda, tomó las riendas en esta nueva etapa que llega hasta hoy y que cubre ya cuatro discos sin Enrique.
Los secretos son unos supervivientes, y gracias a ello llevan más de dos decadas regalando música a quienes quieran escucharles. No venden millones de copias de cada nuevo trabajo que publican ni llenan Las Ventas en giras multitudinarias, pero ni falta que hace. Tienen un público fiel que no conoce el significado de la palabra modas, un público que sabe que para que una canción se convierta en la banda sonora de tu vida se ha de escribir con el corazón, no con la calculadora, y se debe ejecutar con buen gusto y sensibilidad encima de un escenario.
Por muy cursi que suene, Los secretos me han acompañado en los mejores y los peores momentos de mi vida. Gracias a ellos aprendí que una ruptura sentimental, a veces, no es más que un Cambio de planes, que algunas a veces hay que saber saltar de un tren en marcha sin decir nada, y que se puede vivir en un perpetuo estado de melancolía sin estar necesariamente mal. Porque... que todo salga mal no es tan malo.
Ayer Álvaro y los suyos estuvieron impecables en su concierto. Quizás eché de menos algunas de sus canciones menos conocidas, pero en cualquier caso es perdonable considerando que en un concierto de estas características se debe contentar a todo el mundo, y eso es (casi) imposible cuando se tiene un repertorio de más de 130 temas y apenas un par de horas de actuación.
Larga vida a Los secretos. Y mucha suerte, amigos. La que nunca tuvisteis.
tu y los secretos y los secretos y tu
qué mala suerte han tenido, si existe algo referente a los gafes debería aparecer en su biopic, si algun dia se lo escribes, claro
espero ávida tu crítica a Infiltrados
nos vemos en los bares y en los cines, ya te ire avisando
¡un beso!