La pregunta tiene miga, lo sé, pero no he podido formularmela durante toda la proyección de Bosque de sombras, la opera prima de Koldo Serra que hoy he tenido la oportunidad de ver en un pase de prensa como todos: frío, insulso y severo ¿tanto nos costará a los periodistas aplaudir al final de algo por lo que, al fin y al cabo, no hemos pagado un céntimo?
En realidad, la cuestión ha empezado a rondarme hacia la mitad de película, cuando Koldo ysu co-guionista Jon Sagalá ponen las cartas sobre la mesa, en una secuencia de violación que no deja lugar a dudas acerca de lo que se está viendo: una obra de todo menos cómoda. Un regreso al Peckimphá de los 70, vale, pero haciendo uso y disfrute de ese gótico español tan poco explotado (la España profunda y rural capaz de cualquier cosa por no ofender a Dios, las casas de piedra frías y macizas, las botas de vino y la partida de mus...). Koldo Serra explota este universo(que insisto, es nuestro, nos pertenece, y nuestra es la culpa por no haberlo explotado como los estadounidenses explotaron sus campos de heno y sus gasolineras perdidas en el desierto); lo explota, digo, y lo hace desde una perspectiva muy inteligente: la de unos turistas ingleses setenciados a descubrir que aquí no tenemos a Cara de cuero ni a Freddy Krueger, pero tenemos pueblerinos armados con escopetas de caza y bastones macizos como robles.
Ahora bien, ¿para quién se hacen las películas? ¿Para los críticos? Nein. ¿Para tí mismo? Requetenein. ¿Para tu madre? Nein al cuadrado. Entonces, ¿Para quién se hacen? La respuesta más obvia es también imposible: para el público. Vale, bien. Pero, ¿para qué tipo de público se hace Bosque de sombras? ¿Para los aficionados al terror? Mucho me temo que, quien así se considera, va a encontrarla tremendamente distante, tremendamente imprecisa como producto.¿Para el público en general? ¿Eso que llaman masa? ¿Para el Johnny y la Vane, que van los domingos al centro comercial y a lo mejor, por casualidad, se meten en el cine si no tiene nada mejor que hacer? ¿Para mi vecino del primero, que sólo se entera de los estrenos cuando la distribuidora de turno le bombardea por tierra, mar y aire, porque bastante tiene con trabajar nueve horas diarias en algo que no le gusta? No nos engañemos. Freakis al margen, este es el PÚBLICO, y me parece a mí (y ojo, que puedo equivocarme, faltaría más) que el público va a dar la espalda a una película incómoda, salvaje, gélida en apariencia... en una palabra: una película FEA. Y lo feo, amigos, cada vez tiene menos cabida en un mundo perfecto donde el mayor reclamo de Pasalera Cibeles es el nuevo mancebo de Anita Obregón, alias Soy Guionista, paseando palmito mientras el reportero de Aquí hay tomate (los mismos que organizan concursos como Top Noche y Top Bikini, ayayayay) llena el micrófono de babas.
La masa que ve Aquí hay tomate, La casa de tu vida y Gran Hermano es la misma masa que, de vez en cuando, se pasa por una sala de cine, la misma masa con potestad para convertir una película en un exito de taquilla o en un fiasco (como si entre medias no hubiera otra cosa). Esta masa, insisto, no creo que quiera ver algo como Bosque de sombras. Porque es FEA.
Y lo siento, lo siento por Koldo Serra, porque hoy en la rueda de prensase le notaba ilusionado, orgulloso, seguro de haber hecho un producto digno y honesto. Koldo ha apostado por valores caducos, y lo va a pagar caro a nivel de taquilla (y ojalá me equivoce).
Bosque de sombras no es ninguna obra maestra, ni siquiera es la magnífica película de terror que desde hace un año nos prometían (entre otras cosas, falla en las secuencias claves, imperdonable), pero es una película magníficamente realizada, atmosférica y coherente consigo misma, cualidades cada vez más preciadas de ver en el cine de género.
Ojalá la masa me de una lección, corra a ver Bosque de sombrasy me tape la boca de un guantazo. Lo digo de corazón.