No, no estoy intentando batir el record de un mes sin actualizar, es que la vida de artista de rock es muy dura (ya saben, cada grupie es más insaciable que la anterior, las drogas cuestan, las habitaciones de hotel no se queman solas...) ¿Escribir? Eso es para los pobres.
No, en serio. El domingo pasado estuve en una mesa redonda con Borja Cobeaga, David Planell y José Mari Goenaga. La cosa iba de cine y malos tratos. No se alarmen. El asunto no se redujo a un 'Qué malos son los hombres que pegan', sino que se abordó en su complejidad, en parte, creo, porque el público asistente estaba compuesto por profesores de instituto. Y había de todo, lo juro.
El caso es que después de la mesa en cuestión, y antes de que el vino hiciera estragos (no intenten retar a un vasco a beber), tuvimos ocasión de hablar de 'nuestras cosas' (leáse, cine), y entre otros temas surgió el asunto de los cortos y los Goyas (ya saben, al menos este año, los premios a los cortos se entregaran en la gala de los nominados, entre canapé y canapé, y no en la gala televisada). No quería escribir de este asunto hasta pasado un tiempo prudencial, por aquello de ver las cosas en perspectiva, pero me doy cuenta de que hoy sigo pensando lo mismo que hace dos semanas.
En la Academia son tontos. E ingenuos. Y no tienen ni puta idea de lenguaje televisivo. Y lo digo con toda la ternura y la mala bilis del mundo. ¿De verdad creen que quitando tres premios van a agilizar la gala? ¿Tres premios? ¿Se puede resucitar a un moribundo que está en coma insuflandole solo tres raquíticos golpes de aire? No.
Y ya está. Eso es todo lo que tengo que decir de este asunto.
Eso y que estoy totalmente de acuerdo con Vigalondo cuando dice que, en realidad, la Academia ha hecho un favor impagable a los cortometrajistas este año: un formato como el corto, que, en proporción, ha dado más glorias al cine español que los largos (vease nominaciones a los Óscars, gente como Fresnadillo, Alex Pastor...) no se merece permanecer, ni un año más, junto a semejante fábrica de mediocridad. Así que, sí, Save the cortos, pero haciendo campaña para que no vuelvan a los Goya nunca más.
Entre los peores castigos que un ser humano puede padecer está el leerse las obras completas de Lucía Etxebarría o tragarse entera las gala de los goyas (la fiestas del cine español, como la denominan pomposamente)
La gala es un espanto, pero no deja de estar al nivel de nuestro pésimo, raquítico y falto de ideas cine español (con algunas excepciones, claro).
Nos volvemos a ver pronto en los bares y en los cines.
Abrazos!
Por una vez (y espero que sirva de precedente) no estoy en absoluto de acuerdo contigo. Todo lo contrario. Discrepo de arriba a abajo (y viceversa) con lo que aquí defiendes. No, no puedo aceptarlo. Dejando a un lado el sistema de selección de los trabajos finalistas que se ha puesto en marcha este año (cerrado, oscurantista y completamente antidemocrático método, más propio de un régimen totalitario que de un estado social y democrático de derecho, que es en el que se supone que convivimos y discrepamos desde el mutuo respeto y la recíproca tolerancia), la exclusión de las modalidades de cortometrajes de la gala de entrega de los permios Goya me parece una canallada. Si se trata de fomentar y potenciar el cine español, no creo que la mejor opción pase por quitarle esos minutillos de gloria a un puñado de creadores/as (muchos de ellos/as jóvenes, otros no lo son tanto) que tratan de hacerse un hueco en el ya de por sí exiguo y paupérrimo panorama cinematográfico de este país. Lo que han hecho con los cortos me parece una solemne estupidez. Y no digo más. Sí, ya sé que la gala es un espectáculo muy poco brillante y repleto de incongruencias dignas de un guión de Azcona-Berlanga, pero dejar fuera a los/las cortometrajistas es una pésima noticia. Y sólo espero y deseo que los de la Academia rectifiquen tan grave y desafortunadísimo error por el bien de lo mismo que se supone que defienden. Nunca se ha visto tirar piedras contra el propio tejado con tanto desatino.
Querido Eugenio: que la Academia ha cometido un error, seguro. Y de los gordotes. Y los cortometrajistas deberían corresponderle dandole la espalda a esta institución caduca, ignorante y muy, muy poco cinematográfica. Es decir, insisto: ignorando los Goyas a los mejores cortometrajes. Como diría aquél: si no nos quieren, QUE LA DEN.
La única forma de que sea ágil es que la presente BERTO, el de BUENAFUENTE, tal y como hizo en su programa, agilizando lo que debería durar una hora y condensándolo en tan solo 4 minutos.
http://es.youtube.com/watch?v=vTcQc_SQWbc