Se acercan los Goyas, y este año no hay quiniela posible. El orfanato se va a llevar hasta lo que no está nominado. Muchos me han preguntado, a raiz de mi comentario sobre Soy leyenda, si de verdad El orfanato me ha decepcionado. Voy a aclararlo.

El orfanato se lanzó -no sé si se rodóya con esa idea- como la - película - española - del - año. 2007 se presentaba lamentable y había que salvar la papeleta patria de la forma que fuera. Si era necesario, inventándose un nuevo Amenábar, mesias salvador de esta, nuestra industria. Y, en ese sentido, hay que reconocer que la operación ha sido impecablemente orquestada. No me refiero solo al aspecto marketiniano, sino, también, a la película como tal, como producto. El orfanato tiene una factura esplendida y, lo que es más importante, gusta a todos los públicos.

Pero, ay, ese es el problema. Porque si como producto funciona, como película, y, sobre todo, como película de género, no necesita icebergs que la hundan. Su propio guión se encarga de ello. ¿Es Sergio G. Sánchez un mal guionista? En absoluto. Demuestra conocer a la perfección los resortes de la narración y del género. Vamos, que sabe contar una historia. Y espero que el tiempo lo confirme. Pero el guión de El orfanato quiere ser demasiadas cosas -filme de terror, blockbuster, película PARA-TODOS...-, y al final no es ninguna.

Le traiciona, sobre todo, un final condescendiente, banal, insipido, y, sobre todo, que huele a metido con calzador. Un final que, además, plagia sin pudor no sólo cientos de historias de fantasmas mejor contadas que ésta, sino una película mala pero muy reciente en el tiempo: El internado.

El orfanato, impecablemente fotografiada y dirigida, es la película que podría haber sido. No sólo por el final. Su guión, insisto, tiene más agujeros que un queso -¿por qué narices vuelve Belén Rueda a la casa de su infancia? ¿De verdad pueden pasar tantos sin que nadie encuentre los cadáveres de los niños?-. La salvan de la mediocridad el inmenso talento y oficio de Bayona a la hora de componer escenas de suspense, y, ya digo, entrever lo que podía haber sido. El guión que Sergio G. Sánchez, seguramente, hubiera querido escribir de no haber estado sometido a la presión de hacer una película que contente a todos.

Ah, y no, no vale eso de: 'Para ser española, no está mal'. Vamos a empezar a creernos las cosas un poquito.