Escribí el guión de Cuestión de actitud en uno de los peores momentos de mi vida. David Canovas quería realismo para su nuevo cortometraje, y yo no tenía cuerpo ni estomago para fantasear. José Amaro Carrillo se encargó de rematar la historia y los diálogos en sucesivas versiones. Está mal que yo lo diga, pero el resultado me parecía rabiosamente auténtico sobre el papel.

Hace tres semanas que rodamos Cuestión de actitud, y dos conclusiones, al menos, he sacado de este rodaje:

1) Nunca subestimes el poder de una cámara para hacer físico tu guión.

2) Nunca subestimes el talento de un actor para hacer físicos –esto es: carne, hueso y alma- tus personajes.

Cuestión de actitud habla de tirar para adelante cuando más feas se ponen las cosas, de mirar la botella medio llena incluso cuando la botella rezuma de lodo, de sacar a la chica a bailar aunque la chica te haya hecho un mal gesto. Habla de vivir, de la forma que sea.

Gracias, David, por entender todo esto, y gracias Maru, Jesús y Rosana por darle voz y entrañas.

Actitud. Hasta en lo más jodido.