No sé qué es peor: que yo no lo entienda o que no tenga ninguna gana de entenderlo.

Lo de menos es la audiencia, lo casposo de los decorados, lo ridículo de algunas líneas de diálogo. Cuestión de gustos, supongo -al fin y al cabo, la audencia lo mismo ve engendros del tipo Yo soy Bea que Perdidos-. No. Lo más fragante de todo esto es que un proxeneta, un asesino y, en definitiva, un chuloputas de los de toda la vida se pueda convertir en sex symbol de toda una legión de señoritas.

-Es la voz- Me dicen amigas y compañeras, como si eso lo explicara todo.

O sea, que el tipo mata, viola -él o sus sicarios, lo mismo me da-, trata a las mujeres en general como trapos, y la audiencia femenina responde llevándole a los altares de la gloria.

Señoras, ustedes mismas. Lo dicho: ni lo entiendo ni ganas de entenderlo.