El problema no es que El juego del ángel venda lo indecible, sino que sólo este libro lo haga. Me gustó La sombra del viento sin llegar a enloquecerme. Es decir, que no lo metería en el mismo saco que basuras del tipo El código Da Vinci. En su contra tengo que decir que la trama me pareció demasiado dispersa, que sobraban algunos abrazos y lloriqueos entre personajes y que el final no estaba, ni de lejos, a la altura del resto, pero es un libro bien escrito, en general bien contado y que consigue eso tan difícil de mantener al lector -no a todos, imagino, pero sí a una gran mayoría- pegado a sus páginas.
Y lo que tiene más mérito: lo hace sin insultar su inteligencia, huyendo de eso de: es que sólo entretiene.
Ahora bien, me pone muy nervioso entrar a cualquier gran superficie -ahora lo llaman así- y encontrar éste y cuatro libros más -cuatro, contados- copando todas las mesas. Porque lanzar un millón de ejemplares de un título implica desplazar a centenares de otros. Libros que la gente nunca podrá descubrir, algunos un auténtico coñazo, y otros pequeñas joyas que quedarán en el olvido. La industria editorial está siguiendo el mismo camino que la industria cinematográfica: lanzar, a lo grande, uno o dos títulos como muchos, y sepultar todo el resto de la oferta. La mecánica es la siguiente: los libros llegan a las tiendas, y si en dos o tres semanas no se venden como deberían, por lo general, regresan al almacén a coger polvo. Asusta, ¿verdad?
Asi las cosas, convendría recordar que La sombra del viento fue un éxito que se hizo poco a poco, con el boca oreja. Un poco de paciencia por parte de los grandes almacenes permitió a la gente conocerlo. Tesis también; de no ser por la lluvia de Goyas que devolvió la película a las salas, hoy estaríamos hablando de un pequeño título de culto, conocidos sólo por unos pocos.
Las librerías y las pequeñas salas de cine están llenas de sombras del viento y de tesis que, sepultadas por lanzamientos megamediáticos, nunca podrán ser conocidos. Así que el problema no es leer El juego del ángel, sino leer SÓLO El juego del ángel, y, al acabar la última página, esperar al siguiente libro de moda, en vez de rebuscar entre los montones a ver que otros libros interesantes hay.
Por supuesto, leeré el libro de Ruíz Zafón, porque me apetece; ése y un montón más.

En un país donde se publican tantos miles de títulos al año (y donde, paradójicamente, abundan poco los buenos lectores) llama la atención el éxito espectacular de un autor que escribe en lengua castellana. Además, este fenómeno editorial coincide con el hecho de que llevamos más de treinta años sin que aparezca un escritor o escritora española digna de figurar entre lo mejor de la literatura contemporánea (no ocurre lo mismo con los autores y autoras latinoamericanas). Vaya por delante que de Ruiz Zafón sólo he leído (y por motivos estrictamente profesionales) su primera novela, "El príncipe de la Niebla", concebida para el público juvenil. Me pareció algo ñoña y facilona, con algún que otro anacronismo discutible. Lo mejor de este libro, al igual que tu magnífico comentario de hoy, es que nos remite a otros libros, modelos muchísimo mejores. En el caso de la ópera prima de Zafón, ésta nos recuerda muy directamente a "La feria de las tinieblas", maravillosa fábula de corte gótico, salida de la imaginación, sensible y conmovedora, de uno de esos maestros que no acaparan escaparates en las librerías pero cuyas creaciones resultan imprescindibles para cualquier ser humano que se precie del placer de leer. Hablo de Ray Bradbury. Y de Anton Chejov. Y de Joseph Conrad. Y de Juan Rulfo. Y de Graham Greene. Y de Albert Camus. Y de Jardiel Poncela. Y de Miguel Mihura. Y de Julio Cortázar. Y de Chester Himes. Y de Raymond Carver... Y de tantos otros que nunca serán best-sellers pero que hacen la vida sea un poco menos hostil e inhóspita.
Decía Spielberg que lo único que le fastidaba del éxito de Indiana Jones es que la mayoría del público se estaba perdiendo las películas, los seriales y las revistas pulp de las que él y Lucas disfrutaron antes de crear el personaje.
Hay quién cree que el Dr. Jones es el primer aventurero de la historia. Suma y sigue.